Fusilados por la Cruz Roja

Fusilados por la Cruz Roja

Por Lautaro Danko Lescano @soydanko

No hacía falta estar afuera para notar que hacía calor. Desde dentro del colectivo se podía ver el amarillo resplandeciente que devolvían las fachadas blancas al refractar la luz del sol. El sol sudafricano del verano del 2001 estaba peculiarmente fuerte, como si alguien hubiera dejado el termostato del Astro Rey al máximo. Las personas al costado del camino se veían extenuadas, sin fuerzas para seguir, con la garganta llena de arena.

Peter Thum de pronto se sintió sediento, como pocas veces lo había estado. Buscó su botella de agua mineralizada, la abrió y la tomó de un sorbo. Pocas veces había disfrutado tanto un trago de agua, y como si de una publicidad de Coca-Cola se tratara, se quedó viendo el envase vacío. Miró por la ventana el retrato de aquel dantesco verano. Le preguntó al guía si había agua potable en el pueblo. La respuesta fue negativa. Peter se sintió culpable, alguien debía hacer algo por esa pobre gente ávida de unos mililitros de agua.

Cuando volvió a Estados Unidos se le ocurrió una idea brillante: fundaría una empresa de agua mineral. Existen miles de marcas de agua, pero la de él se distinguiría del resto. Por cada botella que se vendiera, su empresa Ethos Water aportaría su equivalente en dólares a mejorar las redes de agua potable en África. Tan brillante fue su idea, que la vendió por 7,7 millones de dólares a Starbucks cuatro años después.

Foto: eater.com

Foto: eater.com

Ethos Water, el agua ética, es todo un ícono de la cultura occidental. El 76% de los estadounidenses prefiere comprar entre dos productos iguales aquel que tenga un fin social. Estamos ante un mercado que crece día a día, el mercado de la caridad.

Welcome to the jungle

Los tiempos que corren son épocas complicadas para la economía mundial. En el primer mundo, el gasto público se ha visto notablemente reducido desde la crisis del 2008. Los ingresos por impuestos fueron a parar al pago de las deudas o al rescate bancario, en vez de ser destinados a los servicios públicos. Los Estados europeos, los más golpeados por la crisis, debieron someterse a contener la inestabilidad económica de la Eurozona. La inflación comenzó a impactar de lleno en los bolsillos de los ciudadanos y en las arcas estatales, cada vez más pequeñas.

Asistimos en estos años como espectadores de lujo del retroceso del Estado de Bienestar. Así fue como los servicios públicos como la salud, la educación y la seguridad social vieron un paulatino y sistemático abandono por parte del sector público, y un auge de la participación privada en dichos servicios. Solo en España, entre 2009 y 2013, hubo una disminución del 20,3% del presupuesto del sanitario público, lo cual genera que haya más de 384.326 personas en lista de espera para recibir atención médica[1].

Pero el mercado no tiene contemplaciones para quienes no pueden pagar el elevado precio de los servicios. Sin duda, esto provoca una estampida hacia la atención privada y un aumento en la desigualdad, generando demandas sociales que reclaman a gritos una solución. Sin embargo Europa, enfrascada en el laberinto del neoliberalismo más thatcheriano, no otorga ni el menor indicio de intentar recomponer la situación. Es entonces donde aparece en escenario la ayuda humanitaria y caritativa de distintos sectores de la sociedad. Bienvenidos al mundo de las Organizaciones No Gubernamentales.

“Si no se acepta que la ley del mercado tiene verdades para la industria de la caridad, no conseguirás nada”

Bernard Kouchner, fundador de Médicos Sin Fronteras

La gente decente es diferente, nene

La opción moral de darle a los extraños, a los desposeídos, a los menos favorecidos no es nueva ni es un fenómeno exclusivo de Europa y EEUU. Se estima que en Argentina existen entre 80.000 y 120.000 ONG que se dedican a luchar contra las más diversas problemáticas. Pero el problema más grande al que se enfrentan estas organizaciones es el financiamiento. Para salvar el mundo es necesario tener el dinero para hacerlo.

Foto: David Rengel

Foto: David Rengel

Las ONG entonces salen a la búsqueda de recursos, golpeando puertas de ministerios públicos, de empresas privadas o solicitando en la calle el apoyo de “socios”. Cada organización elabora estrategias de marketing para captar los donativos de la gente o solicitar donaciones estatales o empresariales. Recaudar fondos, implica “vender” algo. “Si no se acepta que la ley del mercado tiene verdades para la industria de la caridad, no conseguirás nada”, es el consejo de Bernard Kouchner, fundador de Médicos Sin Fronteras.

Las organizaciones de la caridad terminan necesitando posicionar su imagen por sobre las del resto de las organizaciones, todo el mundo quiere arreglar el mundo. Debido a la enorme competencia entre ONG para conseguir las donaciones del público, terminan conformando una imagen propia de una empresa, incluso con la misma estructura jerárquica. Recordemos las botellas de Ethos Water, la caridad tiene fines de lucro.

El 61% de los ingresos de Cáritas España proviene de donativos de la administración pública. Al depender tanto de donaciones estatales, las ONG se autocensuran, moderando las críticas a los gobiernos que son responsables de los conflictos que ellas buscan resolver. “No son razones humanitarias las que llevan a dotar de recursos a las ONGs, sino porque son instrumento de labor asistencial para amortiguar el malestar social de la población perjudicada por la implantación de directrices económicas llevadas adelante por quién las financia”, sostiene Juan Picas Contreras, autor de “El papel de las ONG y la crisis del desarrollo”[2] –uno de los pocos trabajos serios en la materia-.

Vieja cultura frita

Observamos el crecimiento de un mercado multimillonario que se maneja en las sombras, sin rendir cuentas a nadie excepto sus donantes. El 90% de las ONG argentinas funcionan en la informalidad, no están registradas en ningún lado, y a los ojos de la ley (y de la AFIP) no existen[3]. Giving USA, es una asociación que nuclea la filantropía estadounidense y que año tras año realiza campañas de recolección de fondos para financiar proyectos caritativos. El Giving USA arrojó cifras exorbitantes: 373,25 mil millones de dólares fueron reunidos por esta fundación. Según el informe publicado por la organización, el 2015 fue el año “más generoso en la historia de Norteamérica”[4].

Foto: Tienda Oficial MSF

Foto: Tienda Oficial MSF

Los dólares obtenidos muestran dos paradojas. La primera, como sostiene Pierre Bourdieu, que el acto de dar genera dominados y dominadores[5]. Una conciencia ética light permite ser generoso y solidario temporalmente, de modo puntual y con el menor esfuerzo posible. Y segundo, siguiendo a Picas Contreras[6], el objetivo máximo de las ONG debería ser desaparecer y no expandirse. La desaparición de la ONG significaría que el problema que buscaba resolver fue solucionado. Sin embargo, no han reducido la pobreza, no han promovido ni acompañado transformaciones económicas de relevancia; sino que han reproducido las mismas lógicas que atacan, volviéndose meros modelos de caridad institucionalizada y asistencial.

El mundo enfrenta problemas graves, no hace falta citar a nadie para darnos cuenta de las carencias que observamos diariamente en cualquier punto del planeta. Pero si nuestro esfuerzo por cambiar el mundo se reduce a donar el vuelto de alguna que otra compra en el supermercado, quizás deberíamos apagar la computadora y embarrarnos las zapatillas; porque en esta vieja cultura frita, puede fusilarte hasta la Cruz Roja.

[1] “El año 2015 cierra con 384.326 personas en lista de espera para recibir atención por dependencia”, Público.es – 27 de marzo de 2016.

[2] “El papel de las ONG y la crisis del desarrollo”, Jean Picas Contreras; 2001; Universitat de Barcelona.

[3] “Cerca del 90% de las ONG funciona en la informalidad”, Teresa Zolezzi; 4 de mayo 2013; La Nación.

[4] ‘Giving USA 2016’, The Annual Report on Philanthropy; 2016; The Giving Institute.

[5] “Raisons practiques: Sur la théorie de l’action”; Pierre Bourdieu; 1994; París.

[6] Juan Picas Contreras, op. Citada.

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