El Estado, esa usina de machismo…

El Estado, esa usina de machismo…

Por: Luciana Echevarría Referente del MST – Córdoba

Simone de Beauvoir decía: “No se nace mujer, se llega a serlo”. Con esta sencilla frase daba cuenta de la construcción cultural de los géneros: lo que la sociedad espera que seamos, sintamos, pensemos y hagamos según hayamos nacido varones o mujeres.

El patriarcado ha hecho de una diferencia biológica, una distinción social que implica una desigualdad permanente. Para sostenerla recurre a la ideología machista: la superioridad física, pero también intelectual, de poder, jerárquica, de los varones sobre las mujeres. Esta ideología es reproducida sistemáticamente por todas las instituciones que rigen nuestra vida en sociedad y por ende, muchas veces por nosotrxs mismxs.

La escuela, como instancia privilegiada de socialización de las personas, cumple una tarea clave en este sentido. Desde que somos niñxs se encarga de generar las diferenciaciones necesarias para que aprendamos a cumplir estos roles. Los juegos, actividades e incluso disfraces divididos de manera sexista, comienzan a separarnos. No es casual que a diez años de la aprobación de la Ley de Educación Sexual Integral, la misma continúe sin aplicarse a fondo en las escuelas.

La otra cara de esta moneda son los contenidos retrógrados y misóginos que la Iglesia Católica difunde y penetran en la cabeza de millones de personas. En nombre de Dios y el supuesto bienestar de toda la humanidad, se nos niega el acceso a derechos básicos, inclusos a aquellos que están consagrados en nuestra Constitución. La expresión más dramática de esta situación es la negación del aborto en los casos de violación o riesgo para la salud de la mujer, que está trabado en Córdoba por un amparo de la organización ultra católica Portal de Belén.

Por otra parte, algunos medios masivos de comunicación usan su enorme poder generador de opinión para difundir ideas cosificadoras y estereotipos. Y en el ámbito laboral, ser mujer es un factor de vulnerabilidad. Nosotras cobramos en promedio un 30% menos que nuestros compañeros varones, somos las primeras en ser despedidas, las más precarizadas y a las que más nos cuesta conseguir trabajo y ascender a cargos jerárquicos.

Desde la familia, la escuela, la iglesia, el trabajo, se nos va a enseñando a nosotras que somos menos que los varones y a ellos, que son quienes tienen el poder. De este sistema desigual y opresor emana la violencia de género. En palabras de Adriana Carmona: “La estructura patriarcal es una estructura de violencia que se aprende en la familia, se refuerza en la sociedad civil y se legitima en el Estado”.

La legitimación de la violencia de género por parte de las instituciones del Estado y en todas sus formas (simbólica, económica, psicológica, entre otras) es el obstáculo más grande al que nos enfrentamos las mujeres. Las respuestas del gobierno frente a esta violencia están muy lejos de ser las que necesitamos. La comisión de género de la legislatura se niega a tratar la Emergencia en Violencia de Género que presenté junto a Maru Acosta y familiares de víctimas y sin embargo, de un día para el otro, aprueban dos proyectos del oficialismo que sólo sirven para el marketing electoral de Schiaretti, pero que no resuelven ni uno de los graves problemas que atraviesan las mujeres.

Frente a este sistema machista y patriarcal, somos cada vez más las que nos movilizamos y organizamos. ¡Las mujeres perdimos el miedo y estamos saliendo en cada lugar del país a reclamar por nuestros derechos!

Top