Fidel y los trabajadores de la salud

Fidel y los trabajadores de la salud

Por: Andrés Trotta – Hugo Spinelli – Instituto de Salud de Colectiva – Universidad Nacional de Lanús

Un 14 de noviembre de 1965, Fidel Castro volvía a subir el Pico Turquino, enclavado en plena Sierra Maestra cubana, para participar de la graduación de los primeros 426 trabajadores de la salud formados en la Revolución. Apenas seis años habían transcurrido desde el triunfo de los barbudos en 1959. En ese entonces, el complejo escenario de salud cubano se caracterizaba por la formación de médicos en una única universidad de Medicina situada en La Habana, un número significativamente bajo de trabajadores de la salud (apenas 1.000 médicos) que se quedaron luego de la huida de Batista, la ausencia de una regulación de la profesión sanitaria y un reducido aparato estatal diseñado para la pequeña élite política y profesional batistiana de un país con una población mayoritariamente excluida.

En un contexto de reducida capacidad de resistencia de las corporaciones médicas, el proyecto revolucionario marcaba la agenda.

Las necesidades de la formación en cantidad y calidad de trabajadores de la salud, entre ellos los médicos, estuvo guiada por la original radicalidad del escenario emergente y no por la necesidad de adaptar la currícula de la enseñanza. No fue la reforma universitaria la pauta orientadora, sino las necesidades de una realidad marcada por el desigual cuadro sanitario cubano, la decisión de expropiar la propiedad ociosa, la reforma agraria, las campañas de alfabetización y el contexto internacional bipolar de la llamada Guerra Fría, entre otros.

Con 57 años de continuidad, la Cuba que despide a Fidel Castro multiplicó el ejemplo y expandió exponencialmente la cantidad de trabajadores de salud (alrededor de 805.903 desde 1959), comenzando a formar médicos de otros países en la isla para que volvieran a sus lugares de origen (109.000 médicos graduados hasta 2010), así como la organización de contingentes sanitarios que actúan en contextos de catástrofes (recientemente Haití).

Estos desastres naturales remiten antes que a la naturaleza, al dato duro de la ausencia de actores que puedan integrarse a los territorios para organizar acciones que construyan caminos posibles en salud para enfrentar estos problemas. Una apuesta sugerente frente al número insuficiente de médicos y el impacto de una catástrofe natural fue la creación de la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas en 1999. La excusa fundacional fue la situación de pobreza que el paso del Huracán Mitch profundizó en 1998 provocando alrededor de 40.000 muertes en algunos países de Centroamérica. No es menor recordar que la iniciativa promovida por Fidel Castro, es sostenida desde un país que destina el 11% del PBI al campo de la salud como buena parte de los países más desarrollados, a pesar de estar asediado por un bloqueo económico asfixiante desde 1960. La apuesta era sencilla: médicos dispuestos a trabajar en todos aquellos lugares donde se los necesite y que las leyes del mercado suelen abandonar. La apuesta sigue siendo crear sujetos actores de su tiempo, como en su medida lo fue Fidel Castro.

 

Etiquetas:

Top