Tarea Fina

Por José Maria Rinaldi – Licenciado en Economía y profesor de la UNC

El retorno a las ideas que se plasmaron en el discurso del 2 de abril de 1976 del ministro de la dictadura Martinez de Hoz, y las que marcaron a fuego la crisis del año 2001, han sido retomadas a partir del cambio de paradigma de la política económica instalada desde el 10 de diciembre del 2015. Los recientes cambios y creación de ministerios apuntan a una profundización de esa orientación económica.

Enfrentándose a las cámaras, tarea a la que está acostumbrado, el flamante ministro Dujovne anunció que su principal objetivo será reducir el déficit fiscal, eliminación de impuestos distorsivos y mejora en los gastos de infraestructura, mientras que el titular del nuevo Ministerio de Finanzas, Luis Caputo, confirmaba que seguirá el acelerado proceso de endeudamiento. Pongamos en antecedentes estas afirmaciones.

El nuevo gobierno, dio un violento giro en la política económica que se instrumentó desde el año 2003 hasta el 2015. El mismo consistió en una macrodevaluación anunciada, hecho inédito en la historia económica argentina (las devaluaciones siempre fueron sorpresivas), y fiel a las promesas de campaña se eliminaron las retenciones al sector agropecuario y minero y se redujeron las correspondientes al complejo sojero, agravando aún más el impacto en los precios de la devaluación, ya que las retenciones al sector externo actuaban a modo de compensación de las devaluaciones en los sectores en los que el país tiene ventajas competitivas.

Una sucesión de decretos de necesidad y urgencia, fragmentaron el ministerio de economía en nueve a cargo de los representantes de cada sector empresario. Así, lo que sería el Ministerio de Economía se convirtió en Ministerio de Hacienda, en clara posición en la que el Estado es un mal necesario y la función del Ministerio es financiar el mínimo gasto para cumplir sus funciones esenciales. Con los recientes anuncios, nuevamente se acumulan las fragmentaciones y dejan a lo que alguna vez fue un Ministerio de Economía con una tarea subsidiaria, ya que las decisiones sobre precios las toma Energía o Salud, las del financiamiento con deuda el nuevo ministerio técnico.

Por su parte, en los sectores más bajos de la pirámide de ingresos, se procedió a la eliminación de los subsidios en las tarifas de los servicios públicos, lo que implicó un fuerte tarifazo, y para el comienzo de año una nueva reedición; a lo que se agregó la licuación del salario por el impacto del aumento de los precios y las demoradas paritarias, ocasionando una fuerte caída del poder adquisitivo del mismo.

Esta combinación de medidas, que sumadas a la apertura económica y liberación de las importaciones, perjudicaron aún más los ya deteriorados balances fiscales y externos. De allí la urgencia de reincorporarse al mercado financiero internacional, y de crear un Ministerio para endeudarse; para ello el poder financiero exigió la derogación de las denominadas “ley cerrojo” y ley de pago soberano, en una clara intromisión y violación a los principios republicanos del país.

Todo ello, implica abrazar las tesis ofertistas por las cuales es imperativo bajar los impuestos, en la perspectiva de que a menor carga habrá un mejor cumplimiento (el denominado “efecto Laffer”); por eso, a la eliminación de las retenciones a la exportación y los impuestos a la propiedad, se retoma la tesis con el argumento de “impuestos distorsivos” cuando en realidad todos los impuestos afectan a la conducta económica. Además, estos respaldos doctrinarios, a los que se suman el de pensadores como Paul Craig Roberts y Norman Ture, no han tenido evidencias empíricas ni en EE. UU. (en el gobierno de Reagan) ni en nuestra provincia (en el año 1999), cuando se instrumentaron.

El efecto concreto, en esta oportunidad, es el de enfriar el consumo, priorizar el mercado, la moneda y la deuda. Es decir se incorpora como lógica de equilibrio el retorno al nuevo paradigma que desprecia al Estado y entrona al mercado como un verdadero elixir.

De otra manera, resulta imposible disminuir el déficit, bajar los impuestos, incrementar las obras de infraestructura sin la mayor deuda que se acaba de anunciar, batiendo el record de los más de U$S 50.000 millones de deuda externa pública del año 2016.

Nuevamente, le damos la copa al vencedor: el poder financiero. Esa es la tarea fina y no el “peine” sobre el gasto que anunció el Ministro Dujovne.

 

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