Esa persistente costumbre de la dignidad

Esa persistente costumbre de la dignidad

Sergio Job –  Integrante del Encuentro de Organizaciones y de la Central de Trabajadores de la Economía Popular.

Pasaron el 6, 7 y 8 de marzo, pero también había pasado el 1ero con una masiva movilización por las calles cordobesas contra la ley que pretende que siga el desmonte y la agresión a nuestra madre tierra. Y como si fuera un presente continuo, se viene el miércoles 15 de marzo, donde la CTEP y el conjunto de las organizaciones sociales del país, salimos a las calles a denunciar el hartazgo con el cúmulo de mentiras que acumula la gestión macrista frente a las organizaciones que nucleamos a la inmensa mayoría de los empobrecidos de este país, esos que según informó la UCA esta semana, se han ampliado de manera importante desde que Macri y su corte de CEO`s asumió la presidencia de la Nación. Y como si fuera poco, después se viene el 24 de marzo, ese que fue objeto de uno de los “errores” que cometió el gobierno al querer negarlo, ocultarlo, condenarlo al olvido. Como si la memoria de 30mil compañeros y compañeras, hermanos y hermanas que dieron su vida por una patria distinta, radicalmente opuesta a la que justamente propone el gobierno nacional, como si sus nombres, sus rostros, y sus madres y abuelas, pudieran ser borrados por un decreto.

Todas y cada una de estas fechas fueron o anuncian ser jornadas impactantemente multitudinarias, pero no de esa multitud amorfa que llena shows para luego desaparecer en la masa. Estas son de esas multitudes persistentes, solidarias, de las que se re-conocen en el otro, en la otra. Las que se encuentran porque sin saberlo se estaban buscando ante el insulto y el desprecio a que nos quieren condenar los de arriba, los empresarios, los sojeros, los malos gobiernos, el capitalismo y el patriarcado. Y ese encontrarse despertó la magia, esa energía que enriquece y colorea la vida cuando empieza a ponerse gris, cuando las necesidades y el silencio se llevan como una pesada carga que da vergüenza compartir, como si fuéramos culpables de algo. Bueno, quizás sí, lo somos: un 70% de los cordobeses votó este modelo de hambre, racismo, violencia y exclusión… ¿pero había realmente otra opción? ¿es culpable un pueblo bombardeado diariamente por lo más conservador y reaccionario del periodismo local con falsedades repetidas hasta el cansancio? ¿si alguien promete un cambio cuando estás harto de lo que vivís diariamente, y no vislumbrás otra alternativa, por qué no probar? En fin, este mes viene siendo un purgatorio donde comenzamos a sacudirnos esa vergüenza y tristeza –y otras, como esa nefasta burocracia sindical que intenta taponar los caminos una y otra vez- que acarreamos desde hace tiempo mirando el suelo y pateando las piedras del camino, para comenzar a caminar juntos, encontrándonos, compartiendo, murmurando que basta, que hasta acá llegó nuestra timidez y que es hora que la dignidad diga su palabra.

Y el gobierno, en lugar de buscar diálogo real, soluciones concretas, a la compleja situación que se vive en las calles de nuestra patria, intenta construir enemigos a los cuales desprestigiar y atacar, buscando complots donde no hay más que bronca medianamente organizada. Así, intenta colocar a Cristina como líder de una oposición (inexistente) en la disputa institucional, o pretende colocar a Baradel como el sindicalista extorsionador que vacía las aulas del país, o incluso intenta atribuir a Jorge Berloglio la conducción política de las organizaciones sociales, y así seguirá Durán Barba y compañía, buscando enemigos imaginarios que se desvanecen rápidamente ante la contundencia de los hechos. El gobierno tira zarpazos a figuras amorfas que se proyectan sobre humo que ellos mismos intentan vender, pero que principalmente compran ellos y sus periodistas cómplices. Sin embargo, esas multitudes persistentes siguen y seguirán ahí en las calles, porque ni Cristina, ni Baradel, ni Bergoglio, conducen esta ola de hartazgo ante las mentiras, de realidad callejera ante las ficciones construidas por los medios de comunicación.

Estamos viviendo tiempos complejos pero vitales, sin lugar a dudas fundamentales para el futuro de esta parte de la Patria Grande que no está dispuesta a seguir soportando ficciones de las que no se come. Son tiempos urgentes que requieren de todos y todas, porque queremos una educación digna, trabajo para todos y todas, el fin de la violencia machista y de la pobreza que nos siguen doliendo, es que la dignidad nos pincha diariamente y no está dispuesta a seguir callando sus heridas. La historia nos comparte una nueva cita para exigir acciones concretas contra la situación de pobreza y violencia social generalizada, donde además podamos retomar la exigencia de un Paro Nacional Ya, y por eso este 15 de marzo las organizaciones sociales convocamos a decir basta. Este, y todos los gobiernos, tienen que asumir de una vez y para siempre, como un dato de la realidad que, como supo decir Emiliano Zapata: si no hay justicia para el pueblo, no habrá paz para los gobiernos. La historia de nuestro país, las decisiones de los gobiernos y burócratas de turno ya no podrán nunca más prescindir de la voz firme de las mujeres y los humildes, que desde sus organizaciones han dicho basta y se han puesto andar su marcha de gigantes. Las multitudes están caminando, habrá que ir construyendo hacia dónde.

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