Cómo bajar un drone de un pelotazo y provocar una guerra

Cómo bajar un drone de un pelotazo y provocar una guerra

Mucha tinta se ha gastado esta semana en hablar de la violencia del fútbol, como si el resto de los ámbitos de la vida fueran un remanso de paz y armonía. De todos modos, el fútbol como hecho social es un campo donde también entran en juego factores de poder ajenos al deporte. El fútbol es un deporte con una estrecha relación con la política, con las pasiones políticas y es un componente más de los mitos fundacionales de toda nación medianamente futbolera.

Paul Auster es un escritor y guionista estadounidense, autor de películas dignas de aparecer un sábado a la tarde en canal de aire. Pero dejó una frase que viene de parabienes. Dijo Paul “el fútbol fue un milagro que le permitió a Europa odiarse sin destruirse”.

Auster seguramente pensó en Francia, Reino Unido, Alemania, Italia y quizás España. Pero seguramente ni se le cruzó por la cabeza que su frase no podía aplicarse en la península de los Balcanes.

La zona más explosiva de Europa a lo largo del siglo XX ha sufrido las guerras más sangrientas desde la Segunda Guerra Mundial. Las últimas fueron en las puertas del siglo XXI, por lo cual, esos rencores todavía siguen flotando en el aire.

Serbia y Albania son dos países vecinos que se llevan peor que Homero Simpson con Ned Flanders. Kosovo es una región de Serbia que obtuvo su independencia en 2008, y aunque todavía no goza de tanto reconocimiento internacional, ya participó de los últimos Juegos Olímpicos. Pero antes este pequeño país fue escenario de la última guerra en territorio europeo. En Kosovo el 88% de su población es étnicamente albana. Albania es un país islámico, y justamente nueve de cada diez kosovares es musulmán. Entonces es simple concluir que se corre la bolilla, se corre el bolillón, Albania y Kosovo un solo corazón. Esto llevó a que en 1999 milicias albanas buscaran la independencia por medio de las armas. Serbia hizo lo que todo Estado hace cuando pierde el control de un territorio: imponer el monopolio de la fuerza. A la fuerza. La cosa terminó mal cuando la OTAN intervino y bombardeó durante diez semanas la zona.

Serbia es cristiana ortodoxa y las heridas de la guerra con Kosovo todavía no cicatrizaron. Es por esta razón que el match Serbia – Albania, Albania – Serbia es de alto voltaje. La UEFA sabe que hay partidos complicados que es más fácil evitarlos a que sufrir las consecuencias. Por ejemplo, España y Gibraltar no pueden cruzarse. Sin embargo, no se tuvo en cuenta el encono entre serbios y albaneses y dejó que jueguen un partido correspondiente a las clasificaciones para la Eurocopa 2016. El partido se jugó en Serbia con público visitante prohibido, como siempre la AFA haciendo escuela. En Argentina hace rato que está esta medida y no funciona. ¿Adivinen qué? En Serbia tampoco.

Cuando el partido era un bodrio a puro pelotazo, sucedió algo que ni a Fontanarrosa se le hubiera ocurrido: apareció un drone en medio de la cancha ondeando una bandera que decía “Gran Albania”, que sería como sacar una bandera de las Provincias Unidas del Río de la Plata en pleno Uruguay – Argentina.

La diferencia está en que la susceptibilidad balcánica a que otro país reconozca como suya una zona tan cara a los afectos propios, es distinta a la rioplatense. Mitrovic, jugador de la selección serbia, bajó el drone al tirar con vehemencia de la bandera. Este acto provocó que los futbolistas albaneses se le fueran al humo, haciendo que se arme un mini-revival de la guerra de Kosovo en el verde césped.

 

La hinchada local invadió el campo, lanzó bengalas al seleccionado rival y luego intentó asaltarlos. Recién ahí la seguridad del estadio procedió a la evacuación del equipo albano mientras les arrojaban cualquier tipo de objetos desde la tribuna. Casi que ni haría falta agregar que el partido fue suspendido, pero como hablamos de un partido organizado por la UEFA es válida la aclaración.

La policía serbia rápidamente encontró en el estadio a los culpables de la provocación. Uno de los detenidos era hermano del Primer Ministro de Albania. Total normalidad.

A veces la frivolidad del deporte nos lleva a pensar que fútbol y política van por caminos separados, pero no debe conducirnos a la ingenuidad de separar uno del otro.

 

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