El fútbol sin tribuna

El fútbol sin tribuna

Córdoba es una ciudad que comienza a sentir su clásico futbolero mucho tiempo antes que suceda. Calles y barrios enteros se tiñen con los colores celestes, azul y blancos. Las chicanas se viralizan en las redes sociales y en los calendarios de las gomerías se resalta la fecha anticipada.

Pensar en un clásico, es pensar en la historia de una ciudad observada desde una pelota. Es sentir el ritmo de sus habitantes atravesado por dos tiempos de 45 minutos.

Luego de la muerte del hincha de Belgrano, Emanuel Balbo, que salvajemente fue golpeado por una horda de plateítas, la tribuna no será la misma. Es cierto hoy será otra esquina, pero el mismo rival. Hace unas semanas ambos clubes impulsaron la consigna:  ¡No somos enemigos. Somos rivales! Abrazados por sobre los violentos se mostraron el reciente presidente electo de Belgrano, Jorge Franceschi y el otro mochilero proveniente de México, Andrés Fassi.

Es cierto, los clásicos se viven antes que sucedan.

El primero que estuvo en las tapas de los diarios fue el talentoso jugador “Bebelo” Reynoso. No fue por disparos al arco, si no fuera de la cancha. El “Bebelo” de los arrabales, de los sectores populares, pobres y olvidados de la capital cordobesa. No son pocos los que dicen que mete “cuete” y se la banca. Cosas que suceden en los barrios postergados donde las guapezas se imparten con los gestos, las piñas y si hace falta, con los fierros.

¡Hay que venderlo rápido! Se escuchaba susurrar a los dirigentes lejos de las cámaras de televisión.

¡Si está imputado no va a ingresar al estadio! gritaba un secretario de Seguridad con el carné de socio en la mano. Era una revancha cerca de las cámaras de televisión.

A veces parece que el fútbol es cuestión de Estado y la pelota se construye en arcos salvadores. Una pegada de bolea lejos de los estadios.

Un clásico es un montón de cosas. Imaginen que la primera foto que observe en el teléfono fue la de gallinas que comían maíz en las afuera del Estadio Mario Alberto Kempes. La hinchada de Belgrano no asistió, pero dejaba una primera chanza por la mañana.

Mientras se acerca la hora del partido el clima festivo cambia de tono. El ingreso es más caótico de lo habitual, un mega plan de obras impulsado por el gobierno provincial dificulta los accesos. Bocinazos y peleas por el precio del estacionamiento caracterizan la siesta otoñal. Con 100 pesos por automóvil viven varias familias durante algunos meses y los autos estarán encimados, atrapados y olvidados mientras la fiesta futbolera sucede a 40 metros.

-¡Dejalo arriba de la vereda!, me dice una maciza y robusta mujer mientras hace indicaciones.

– ¿Te diste cuenta que la mayoría de los cuidadores son pobres? Pregunta el fotógrafo. Y un cordobés le grita ¡Alfombra de tigre! Y explica que sólo se le ven los colmillos y prácticamente no tiene dentadura.

En la puerta de ingreso no tuvimos suerte. Fueron días de insistencia en llamados y mensajes, pero a los dirigentes les interesan más los auspiciantes y las trasmisiones antes que una crónica de las tribunas de memoria. Muchos periodistas deportivos y prenseros de los clubes toman relevancia suprema. Se los ven altaneros y preocupados.

Quise traer al presente a Emanuel Balbo. Lastima la pelota que nunca deja de rodar.  Un mal momento en insistir en ingresar con el fotógrafo: Los piratas gritaban un gol a los siete minutos, mientras un estadio enmudecia y el responsable de prensa pensaba en cómo remontar un partido antes que en tratar adecuadamente a los periodistas.

Así quedamos… mirando la nada. Adentro los silbidos y gritos despertaban por un gol albiazul. Afuera los pobres que no juntaron para ver a su equipo se abrazan. Hay vendedores ambulantes de gorros y banderas, simpatizantes de clubes de ocasión, algunos borrachos y un pibe que se le caía las babas por los choripanes.

¡Los que no pueden ingresar vienen por el chori! Comentan los que miran desde afuera

¡Que suerte que nos fuimos en el primer tiempo! Relatan otros . ¡Es bueno retirarse antes para no quedar embotellado! Y se retiran cabizbajos.

Quedarán firuletes y gambetas. Continuarán las gastadas. Nadie se acordará de Balbo o indagará demasiado en “Bebelo”.

Ey, me grita uno desde la esquina: Es otra forma de vivir el fútbol: sin violencia!! Mientras agita las banderas.

Créditos

Autor: Cristian Pérez

Fotos: Juan Calvo

Edición: Mauricio Díaz

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