La pobreza de los estadistas

La pobreza de los estadistas

¿Qué significa ser pobre en una de las provincias más ricas de Argentina?

Una pregunta infinita y reiterada en Córdoba. Siempre es más fácil ocultar la pobreza bajo la alfombra que discutir las riquezas de unos de los PBI más altos del país.

En los sectores más vulnerables de la sociedad; la caída del consumo y el trabajo, el aumento de los alimentos de primera necesidad y las tarifas de servicios hicieron que la pobreza llegue a dimensiones preocupantes. Cuando la estrategia discursiva del Gobierno Nacional y sectorial fue achacar contra las cifras de pobreza, algunos no estuvieron de acuerdo. Sin embargo no fueron pocos los cínicos de dedo acusador que se desligan de responsabilidades.

El dato del 56% de niños y jóvenes pobres es impactante. No es ingenuo y seguramente jugará un rol electoral hasta octubre. Pero ¿Qué significa ese dato frío? ¿Cómo se construye esa estadística?

Hay que decir que la tortura de los números puede hacer que hablen o justifiquen una idea o sentidos contrarios. A veces es un slogan para los marketineros de la política, un suplicio para los técnicos y una condena para los olvidados.

Hace unos días se conoció un informe de Cippes, organización con un sólo pie en el barrio, que menciona a 500 mil jóvenes bajo la línea de la pobreza. La cifra se construyó con los datos del censo del 2010 y la Encuesta Permanente de Hogares  (EPH). Se tomó como muestra al Gran Córdoba y Río Cuarto; luego se proyectó en todo el interior de la provincia. No fueron menores las críticas desde lo metodológico: ¿Por qué no diferencia pobreza urbana y rural? ¿Por qué proyectar cuando no se tiene en claro los términos comparados? ¿Qué estimación histórica hay de la pobreza en el interior de la provincia?  ¿Del 32% o del 42%? ¿Hay necesidad de hacer inferencias? ¿Con qué parámetros? ¿La sociedad del 2010 es la misma a la del 2017? ¿Hay modificaciones demográficas?  Y ¿qué pasa con el diseño de la herramienta metodológica? Fueron algunas de las preguntas que dispararon el informe que se divulgó antes por los titulares de los diarios que entre los especialistas.

La metodología en debate

¿Seremos pobres y no lo sabemos? Es un viejo dilema que sirve para conocer con qué vara se mide. En la actualidad la EPH toma dos elementos para analizar la pobreza: la Canasta Básica Alimentaria y la Canasta Total (servicios, vestimenta, infraestructura, educación, etc.) y lo que tiene de variable, lo tiene de complejo. Según edad, escolaridad, familia tipo, trabajo y una multiplicidad de factores obtenemos resultados diferentes.

Para superar la pobreza en Córdoba se necesita un salto en alto sin garrocha de los $12.500 y mientras los salarios están rezagados se insiste en discutir paritarias muy por debajo de la apresurada inflación.

La semana pasada se volvió a debatir la pobreza en una provincia que no cuenta con estadística propias, abiertas y constantes. A esta altura es imperdonable no contar con esas directrices que guían las políticas públicas. Hoy el acuerdo tácito de convivencia de no criticar al ahora “legitimado” INDEC para no ser tildado de heredero de la herencia llevó a cometer varios absurdos y ningunos de los tres niveles del Estado reconocerá los desaciertos y responsabilidades. Al mejor estilo del western el malo, el feo y el sucio dispararon unos sobre otros. Mientras tanto no hay control social, una desolada desesperación en los territorios, crecen las redes delictivas y los viejos caciques son reemplazados por trolls 2.0 de respuesta automática. Sobre la pobreza estructural crecen nuevos cordones de demandas y los pícaros de siempre; arriba aprovechan para pasearse en bicicletas financieras y abajo para disfrazarse de organizaciones sociales que critican la coyuntura pero nunca al poder macroeconómico.

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