De los datos abiertos y las gestiones encriptadas

De los datos abiertos y las gestiones encriptadas

Pocos conocen su nombre y aseguran que su cabeza piensa en algoritmos alejados de los slogans políticos para la tribuna. Lo conocen como el “Señor Transparencia” y muchos prefieren evitarlo, se cruzan de vereda para que los datos no terminen en un gráfico o tabla de Excel. Cuando la curiosidad periodística me acercó a Open Data Córdoba, un colectivo de programadores, ingenieros y matemáticos con un intenso compromiso por la información y los datos abiertos empecé a entender la transformación de “ñoños” en ciudadanos activos socialmente. En algunos casos estos expertos son referenciados por la intensa exposición,  en otros por no despegar la mirada de un monitor analizando variables. Bajo la lógica: “Dato que se abre, kiosco que se cierra” varios periodistas comenzamos a entender ese otro lenguaje de códigos: nginx, django, hackeada, data set, VM de 16gb. Y nos preguntamos una y otra vez, sobre la forma de mirar el mundo.  El debate por explicar, contar y traducir a lenguaje llano hizo que hagamos un esfuerzo por amalgamar esos lenguajes para las audiencias.

 

La política atravesó muchas de esas reuniones. Los asados se sometían a votaciones según la capacidad de conectividad de Internet. De a poco fuimos capaces de disociar una política de datos abiertos de opacas gestiones. Sin ingenuidad entendimos la utilización caprichosa de la información; su tratamiento en detrimento de intereses partidarios y sectoriales. Comprendimos que la política de datos abiertos era un avance, un paso sin retorno que quedaría cuando la espuma de la rabia electoral encuentre a los perros cansados de pelear en las pantallas de televisión. No fue fácil encontrar espacios para debatir la capacidad de informarnos, el impacto de las redes sociales o las noticias falsas.

 

En la actualidad el acceso a la Información Pública tiene dos barreras: por un lado el Estado que brinda información y, por otro, los medios de comunicación que difunden. Ambos con deficiencias de abordajes. Es cierto, todavía entendemos el 40% de ese lenguaje, es una virtud entre tanta oscuridad. Ojalá que los responsables de los Gobiernos Abiertos dejen de usar pantalones cortos, llenar álbumes de figuritas y se preocupen por los datos que mejoran la intervención de las políticas públicas. El resto es slogan para la tribuna.

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