Políticos analógicos en sociedades digitales

Políticos analógicos en sociedades digitales

Para gran parte de la política el concepto marketinero de la “Big Data” es asociado a un menú especial de Mac Donald, un programa radial o una moda pasajera de las redes sociales.

Lo cierto es que la política argentina comienza a indagar más en una serie de herramientas para analizar tendencias que en un amplio criterio sobre la utilización de la “Ciencia de Datos”. El desconocimiento sobre el procesamiento, modelaje estadístico, visualización y comunicación de los datos hace que se pierdan la potencialidad de las herramientas y se convierta en un “Big smoke” que venden muchos publicistas y asesores políticos.

En tiempos de política sin contenidos y territorialidad, la segmentación de audiencias para optimizar la direccionalidad de los mensajes es todavía caótica; el análisis de datos no ha tenido el suficiente debate y los algoritmos funcionan con tanta precisión que generan desafíos y consecuencias moralmente cuestionables en todo el mundo.

En este sentido los medios de comunicación lo han entendido a la perfección y la clase política transita el mismo rumbo de peligrosidad. Diálogos y conversaciones guionados empiezan a multiplicarse cuando los problemas de gobernabilidad se acentúan mientras los ciudadanos son cada vez son más conscientes de la puesta en escena del engaño.

Hace unas semanas la Secretaría de Tecnología de la Información y las Comunicaciones de la Nación creó por decreto un Observatorio Nacional de “Big Data”. Seguramente con el objetivo de analizar y hacer más previsibles los patrones de comportamientos anticipando reacciones en tiempo real.
No es casual que en año electoral se comience a prestar mayor atención a estas herramientas de segmentación de audiencias y perfiles de usuarios, tal como ocurrió en las estrategias electorales de Barack Obama y Donald Trump.

Hay que decir que la verdadera revolución de los datos está en su disponibilidad. En los últimos años han crecido de manera exponencial y más allá de las palabras de moda se comienza a incursionar en el ordenamiento, limpieza y procesamiento de datos. El desafío de analizar los datos no estructurados en grandes volúmenes implica un trabajo de programadores, ingenieros y matemáticos que todavía el poder político no comprende.

Por supuesto que la conceptualización de la “Big Data” deja de ser tan graciosa cuando los políticos compran sin saber y a cualquier precio. Por ello es necesario estar atentos a los experimentos impulsados por las modas discursivas.

Como todo lo novedoso tiene sus aspectos interesantes y sus consecuencias regresivas. Dependerá de su utilización en la complejidad de los problemas que afrontan las sociedades modernas.

Hoy los Bancos estiman créditos e inversiones por cruces minuciosos de datos, otorgan préstamos a determinados perfiles fortaleciendo de esta manera prejuicios sobre sectores más vulnerables y ampliando más las brechas sociales. Los mapas del delito generan rasgos criminológicos de áreas en ciudades enteras. No cabe dudas que son temas delicados que implican un abordaje responsable para no terminar discriminando sectores poblacionales.

¿Seremos capaces de resolver este dilema? ¿Construiremos mensajes efectivos? ¿Para qué? ¿Para quién?

Lo único que queda claro de la “Big Data” o la “Ciencia de Datos” es que en manos de la actual concepción política es peligrosa. La pérdida del sentido intrínseco y transformador de la esfera política hace que sólo se publicite el vacío de la política personal. En definitiva: ¿Al servicio de quién estará la ciencia de los datos ?

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