Medir para no cambiar: el conservadurismo cool

Medir para no cambiar: el conservadurismo cool

 

Agustin Cazzolli – Lic. en Comunicación Social

El fetichismo por las mediciones no es una cuestión nueva en la clase dirigente en la Argentina y mucho menos a nivel mundial. Las distintas herramientas se han utilizado a lo largo de la historia a medida que las tecnologías y los avances lo fueron posibilitando. Sin embargo nos encontramos en una nueva situación. La posibilidad de manipular enormes bases de datos (Big Data) en tiempo real y a costos muy accesibles, nos coloca ante el dilema de cual es la funcionalidad que tiene este nuevo fenómeno para la política y la sociedad en general.

No es arriesgado, ni mucho menos, decir que vivimos un momento de casi nula discusión política. La agenda politico/mediatica cuenta con una independencia alarmante con respecto a los problemas reales que se presentan en una sociedad poco habituada a exceder los términos de la chicana. Tampoco es novedad que las mediciones constantes (encuestas, focus group, escuchas activas, etc.) son la materia prima que lleva la punta a la hora de tomar decisiones en la vida política. Una herramienta, por definición, no tiene contenido político ni intencionalidad prefijada. Lo que aquí sucede es que los encargados de impartir política no dan paso alguno sin medir el impacto que cada acción pudiera eventualmente tener en su imagen (o gobierno). Esta nueva relación con el votante se ha vuelto una suerte de endogamia constante en la que alcanza con satisfacer las necesidades políticas inmediatas a cambio de mantener (o de no dilapidar) un piso de aprobación aceptable. Y con eso alcanza.

No quiere este escrito ser una oda a las vanguardias que tan enemistadas con la sociedad han estado, pero si no se le exige a la dirigencia política un atisbo de visión de futuro, ¿de quién tenemos que esperar los saltos de calidad en la política diaria?

Poder medir en tiempo real el consenso y la aprobación, es una posibilidad (cuando no una obligación) para quienes cuentan como principal insumo su capital político. Lo que no quiere decir que la sociedad busque en un político electo, el cumplimiento de sus necesidades mas inmediatas exclusivamente.

En una sociedad tan desigual como la que vivimos, la política es el único instrumento con el que contamos para modificar la realidad de los más vulnerables. El factor futuro, por tanto, es crucial para proyectar el cambio de lo establecido. Lo llamativo es pensar que es responsabilidad de los propios damnificados determinar el efecto positivo o negativo de la política seleccionada a ese menester.

¿Acaso la misma sociedad que pedía ajuste hace 2 años hoy no está haciendo caer en las encuestas de aprobación al gobierno que lo aplicó duramente?

Recordemos el caso de la Ley de Matrimonio Igualitario sancionada en 2010 en la Argentina, donde la aprobación previa a la discusión rondaba los 14 puntos y luego de las discusiones dadas por los promotores y el Estado nacional y  tras la aprobación en el Congreso rozaba el 80%. Es un caso en los que la dirigencia toma el papel de modificar lo establecido y se compromete a riesgo de mermar en su capital político y social.  Existe un riesgo, pero también la gratificación de haber modificado las relaciones de fuerzas que primaban y hacen de una situación ignominiosa la constante.

Para contrarrestar esta apreciación y ver la otra cara de la moneda, no hace falta más que abrir el diario y notar como es la resolución de cualquier conflicto. La demora en condenar el 2×1 de la Corte Suprema de gran parte del arco político, los 9 días de conflicto sin tomar medidas con los choferes en la ciudad de Córdoba o la indefinición constante de Sergio Massa en cada uno de los temas nacionales, son solo abrumadoras muestras de que la posibilidad de medir el pulso social al instante, es un insumo sumamente conservador para una clase dirigente mediocre.

Tener la posibilidad de saber en el lugar que se está parado frente a los requerimientos de la sociedad y en un tiempo nunca antes visto en la historia es un insumo que los gobiernos deben valorar y está la positivo de esta situación. Conocer las relaciones de fuerzas con las que se cuenta, es fundamental para proyectar las acciones que los gobiernos planean llevar a cabo, la estrategia.

La sociedad debe ser escuchada, pero es un riesgo constante gobernar con el oído puesto en murmullos y chimentos. Es absurdo pensar que en la indignación diaria de los conductores se encuentran políticas de tránsito o que en la algarabía social por una medida presuntamente correcta está la solución definitiva a una problemática. Se espera, y no es elitismo, que en quienes delegamos nuestra voluntad tomen las decisiones correctas proyectando escenarios futuros con la gran cantidad de insumos informativos que cuenta el Estado. Que la estrella de la nueva política sea medir todo en tiempo real, marida muy bien con las escasas intenciones que tienen nuestros representantes de cambiar con lo establecido. Escuchar y responder a rajatabla los intereses solamente de algunos ciudadanos que hacen cerrar la cuenta mezquina de la legitimidad, es el nuevo conservadurismo cool.

 

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