En los últimos 10 años aumentó un 50% el consumo de psicofármacos

En los últimos 10 años aumentó un 50% el consumo de psicofármacos

Este dato fue brindado por el Colegio de Farmacéuticos de Córdoba, y revela que hay un gran incremento del mercado informal de medicamentos y la ingesta de fármacos cada vez mayor en niños y adolescentes.

La automedicación y el acceso a través del circuito ilegal provocaron el avance de esta problemática que se traduce en una intervención del sistema de salud. Lo más preocupante es que el consumo indiscriminado es la puerta de entrada a las adicciones para los niños y adolescentes ya que la edad de inicio es cada vez menor.

Germán Daniele, presidente del Colegio de Farmacéuticos de Córdoba, dijo: “La primera alarma que vimos es que en los últimos 10 años el consumo de medicamentos psicotrópicos creció un 50 por ciento. Es lo que nosotros podemos detectar en nuestros mostradores, que es el canal lógico, el canal legal: la prescripción médica y la dispensa farmacéutica. Pero también decimos que hay un canal muy grande, paralelo, por eso tratamos de concientizar el Estado para que tome medidas más extremas en cuanto a los controles”.

¿Qué son los Psicofármacos?

Son sustancias química que ejercen una cierta influencia en los procesos de la mente. Estos agentes inciden en el sistema nervioso central y pueden modificar desde la conciencia hasta la conducta, pasando por la percepción. Los psicofármacos se emplean como medicamentos ya que, por sus características, están en condiciones de cambiar el ánimo de un paciente o mitigar el dolor que le provoca una enfermedad, un trastorno o algún tipo de padecimiento. Es importante destacar que, en algunos casos, el uso indebido de los psicofármacos puede provocar una adicción. Cuando el sujeto emplea un psicofármaco con intención recreativa y no puede evitar consumirlo por la necesidad que la sustancia genera en su organismo, se habrá convertido en un individuo dependiente del psicofármaco en cuestión.

¿Para que se utilizan los Psicofármacos?

La mayoría de los psicofármacos actúan modificando los efectos de los neurotransmisores cerebrales. Algunos reducen la concentración de neurotransmisores en la sinapsis o impiden su efecto bloqueando los receptores sobre los que actúan, esto produce habitualmente una mejoría de los estados psicóticos, especialmente si se acompañan de agitación. Otros psicofármacos aumentan la concentración sináptica de neurotransmisores por diversos mecanismos, y esto se acompaña habitualmente de una mejoría de los estados de depresión. Sin embargo, muchos aspectos de las enfermedades mentales no se pueden explicar únicamente por las alteraciones de los neurotransmisores, por lo que algunos psicofármacos parecen tener otros mecanismos de acción.

Algunos psicofármacos actúan en la corteza cerebral, pero en su mayoría lo hacen sobre estructuras encefálicas más profundas, como el sistema reticular ascendente del tronco encefálico o el sistema límbico, en el que asientan funciones cerebrales complejas, como las emociones, los recuerdos y la afectividad.

Mezclas peligrosas:

Uno de los riesgos con resultados imprevisibles es que los adolescentes emplean los medicamentos mezclados con alcohol. Según lo que se ve en los hospitales, las condiciones en que quedan tras el consumo los exponen al abuso sexual y a las violaciones. Según la colaboradora del Colegio de Farmacéuticos de Córdoba, Nilda Gait, “Esto depende de la cantidad que tome. Si tomó uno, dos o tomó tres, el paciente puede entrar solamente con un síndrome de borrachera o en estado de coma y sopor. Y encima a esto le mezclan la famosa ‘jarra loca’. Y ahora viene la ‘jarra atómica’ y la ‘jarra energética’, a las que le agregan lavandina a la ‘atómica’ y líquido de frenos a la ‘energética’. A mí me cuesta mucho sacar el paciente porque yo no lo puedo lavar, porque yo produzco  produzco más daño si lo lavo”.

Ambos profesionales plantean que cada vez es más grande el desafío de erradicar estos tipos de medicamentos, ya que ante cada problema, las personas se automedican como por ejemplo, para cuestiones emocionales, que antes se resolvían con el tiempo, ahora se recurre al psicofármaco.

El desafío pasa por revertir esta cultura que se viene, la de enfrentar todos los “problemas” químicamente, con ayuda de sustancia. También pasa por aprender a quererse y cuidarse responsablemente. Los adultos de hoy, los padres, las instituciones, deben comprometerse por el bienestar de los que atraviesan las etapas tempranas de la vida. Los indicadores marcan que el principal daño se produce en la porción más sensible de la sociedad. Los niños y adolescentes afectados por esta problemática plantean un serio interrogante sobre la vida que llevarán con el paso de los años.

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