Ley de Prevención y Protección Integral

Ley de Prevención y Protección Integral

Pensar en salud integral es pensar en los derechos sexuales y reproductivos como derechos humanos fundamentales que tienen ver con el ejercicio autónomo de la sexualidad.

Esta semana, Melisa Torres, brinda herramientas informativas  respecto a nuestra salud sexual y reproductiva. De esta manera otorga información sobre la Ley de Protección Integral.

En Argentina, desde el año 2010, rige la ley nacional 26485 de Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales.

“Cualquier acción que implique la vulneración en todas sus formas, con o sin acceso genital, del derecho de la mujer de decidir voluntariamente acerca de su vida sexual o reproductiva a través de amenazas, coerción, uso de la fuerza o intimidación, incluyendo la violación dentro del matrimonio o de otras relaciones vinculares o de parentesco, exista o no convivencia, así como la prostitución forzada, explotación, esclavitud, acoso, abuso sexual y trata de mujeres”, define la Ley a la violencia sexual.

Según estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la mayoría de las personas que sufren violencia sexual son mujeres, personas trans y niñez.

Este tipo de violencia puede ser ejercida en espacios públicos, (en la calle, en la escuela, en el hospital o en el trabajo) pero también en el ámbito doméstico, es decir, en la propia casa o en la de algún familiar, persona cercana o conocida.

Ello implica que la violencia sexual puede ser ejercida por personas desconocidas pero también por la pareja, familiares y vecinos, profesores, u otros conocidos.

Es violencia sexual si:

  • No podés elegir un método anticonceptivo acorde a tus preferencias, convicciones y estilo de vida. Por ejemplo, que tu pareja piense que si querés usar el DIU como método anticonceptivo, estás teniendo relaciones sexuales con otra persona.
  • Tu pareja es quien decide cuándo tienen o no relaciones sexuales.
  • Se asocia el deseo sexual de las mujeres a la promiscuidad  o a una enfermedad. Por ejemplo, cuando les profesionales de salud anteponen sus creencias o valores personales a nuestras elecciones o decisiones sobre nuestra salud sexual y reproductiva.
  • Te obligan a tener alguna práctica sexual que no querés, no te gusta, te da miedo o vergüenza bajo algún tipo de coacción o amenaza.
  • Cuando te obligan a estar sexualmente con personas que no querés.

Según los datos de la OMS 1 de cada 3 mujeres sufriremos este tipo de violencia alguna vez en nuestras vidas, sin embargo, es muy poco común que se hable de estas situaciones y mucho menos que se realicen denuncias.

Algunos motivos por los cuales las violaciones y la violencia sexual suelen quedar en el ámbito privado o no se denuncian son:

Sentir vergüenza, sentir temor de ser culpabilizadas por lo sucedido o que no nos crean.

Sentir temor o que haya riesgos de represalias, de ser tratadas mal o ser socialmente marginadas.

La violencia sexual hacia las mujeres o varones trans también puede afectar nuestro derecho a la libertad reproductiva, es decir, el derecho a decidir si queremos o no tener hijos o cuántos, con quién o quiénes, de qué manera y dónde tenerlos.

Poder ejercer este derecho implica también poder solicitar y recibir información clara, veraz y oportuna tanto sobre métodos anticonceptivos como también sobre interrupciones de embarazos forzados producto de cualquier tipo de violencia sexual. En estos casos, si una mujer queda embarazada es su derecho abortar y se denomina Interrupción Legal del Embarazo (ILE). Debe ser garantizada por médicos, en espacios de salud públicos o privados de todo el territorio argentino, sin necesidad de realizar una denuncia previa. Con una declaración jurada en la que conste la identidad de la persona que solicite el ILE es suficiente para que lxs profesionales garanticen la práctica.

Cuando el personal de salud nos somete a tratos crueles, degradantes o deshumanizados que afectan nuestros cuerpos o nuestros procesos (no) reproductivos, están ejerciendo violencia obstétrica. Cuando nos piden que hagamos la denuncia previa en la policía o nos niegan la práctica están cometiendo delito y violando el secreto profesional.

Es importante tener en cuenta que si atravesamos por este tipo de violencias, también existe la posibilidad de estar expuestas a algunas infecciones que pueden afectar nuestra salud (ITS). Existen centros de salud y hospitales donde podemos recibir información y tratamientos y profilaxis acordes y oportunos.

La violencia sexual es un delito y hacer la denuncia es nuestro derecho pero no una obligación. Hagamos o no la denuncia, siempre tenemos que recibir atención respetuosa, confidencial  y que garantice nuestros derechos.

En el caso de que se quisiera hacer una denuncia, se puede realizar en cualquier Unidad Judicial y si estás en Córdoba Capital, en el Polo de la Mujer, con dirección en Entre Ríos 680 (esq. Bv. Perón): se atiende de ​Lunes a Viernes de 08 a 20 hs. pero cuentan con una Guardia las 24 hs todos los días del año.

También podés llamar al 0800 888 9898, línea gratuita y confidencial, de asesoramiento y denuncia.

La Unidad judicial especializada en delitos contra la integridad sexual  atiende al público las 24 horas del día y los 365 días del año.

Otra opción es realizar la denuncia en Palacio de Tribunales II en calle Fructuoso Rivera n° 720, B° Observatorio.

Es importante hablar sobre lo que nos pasa, no aislarnos ni quedarnos solxs. Poder acudir a alguien de confianza que nos pueda escuchar y acompañar, unx amigx, vecinx, profesionales en el centro de salud, grupos de mujeres en el barrio.

 

Top