Responde a la “Argentina con capacidades diferentes”

Responde a la “Argentina con capacidades diferentes”

Por: Susana Parés

El castellano es un idioma rico y generoso y permite que expresemos con precisión nuestras ideas.

Por eso, la nota de la sección Lectores, “Argentina es un país maravilloso, pero con capacidades”, del lector Carlos Scaramellini, publicada el domingo 28, lleva a una reflexión. Los vocablos “capacidades diferentes” se han vinculado a las personas con discapacidad. Estos últimos términos de cuño legal validado por la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad, que en nuestro país tiene rango constitucional. Ha sido casi un lugar común usar los términos “personas especiales”, “personas con capacidades diferentes” para aludir, quizás con eufemismo, a las personas con discapacidad o personas con diversidad funcional.

En este derrotero, la nota alude a países “desarrollados o más normales”, radicalizando diferencias: normal, ciego.

Desde el lugar que mis largos años en la docencia universitaria, en la Ciudad de Córdoba, creo que el comparativo se estanca en un olvido de un concepto esencial, libre de adjetivaciones: el de persona. La utilización de los ejemplos no hace más que reafirmar la concepción del autor, que no sólo está superada jurídicamente, sino que responde a una ideología pasada, casi oscurantista o anclada tal vez en algún recóndito prejuicio.

La Organización Mundial de la Salud estima que, antes que tarde, el 25% de la población mundial tendrá una discapacidad. Esta estadística vale para todos los países. Apuntar a un grupo del cual todos somos, hemos sido o seremos integrantes para hacer un paralelismo con las falencias argentinas, es al menos una perspectiva preocupante.

 

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