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Selección de futbolistas…

#Opinión

Selección de futbolistas…

Por: Susana Parès (Docente Universitaria)

El diccionario de la RAE nos indica que “selección” es elegir personas o cosas entre otras.
Esto significa que por alguna razón los integrantes de la selección de futbolistas que nos representó en el Mundial de Fútbol 2018, resultaron de una ponderación realizada por una o varias personas. Como ciudadanos desconocemos las razones por las que en su momento las autoridades responsables escogieron al Director Técnico y a los jugadores de fútbol que representarían al país en el mundial respectivo.

Es de suponer que la decisión fue debidamente madurada y realizada pensando no sólo en las calidades deportivas, sino también en los valores necesarios para representar al país. Es frecuente asociar el vocablo selección con calidad. Así hay cafés, tés, vinos, que llevan en sus etiquetas el vocablo “selección” como índice de una notoria superioridad en relación a otros.

Los elegidos vienen precedidos, en general, de antecedentes importantes en sus equipos de fútbol que los señalan como jugadores de elite. El Director tiene algunos antecedentes conocidos, en lo futbolístico, y hemos visto su conducta pública que ha resultado al menos poco edificante.

Es de suponer que estos argentinos, con la fortuna de vivir de lo que les gusta, que disfrutan de una situación económica que les aleja de cualquier preocupación para ellos y su familia, ponen en la representación de su país, no sólo lo mejor de sus condiciones técnicas, sino que manifiestan en los momentos críticos, la ponderación y conducta personal que necesariamente debe asociarse al representar al país en cualquier evento. Incluso en la derrota deportiva.

El Director técnico ha hecho exhibición de un proceder inaceptable, frente a un trabajador de su provincia, Santa Fe, quien le reconvino, acertadamente por una inconducta. Lejos de aceptar la situación, la emprendió de manera grosera, soberbia y claramente discriminatoria, denostando al trabajador público.

En las situaciones adversas, del desarrollo del mundial, hemos visto a algunos jugadores, enojados como niños de jardín, con actitudes que lejos de ser al menos correctas, han sido impresentables. Y un Capitán que parecía sumirse por momento en elucubraciones de envergadura, pero claramente alejadas del partido, sumido en una reflexión que no pudimos compartir. El juego exige aceptar la derrota y la equivocación, con hidalguía, máxime cuando uno representa a su país. Hemos visto al Director Técnico, enojado, caminar, como si procurara romper un presunto maleficio y desde luego hablar con la prensa, (omitiendo algunas eses) sin asumir que aunque responsables somos todos; algunos son claramente culpables.

No obstante, a veces la derrota, sirve para empezar de nuevo. Los argentinos ya no somos el ombligo del mundo, ni de casi ninguno de sus casilleros, las viejas glorias, hay que renovarlas para permanecer y si no, aceptar que hace mucho que no somos los mejores. El trabajo, el esfuerzo, la solidaridad, el empuje, la humildad, la responsabilidad, entre otras actitudes, deben presidir nuestros actos en representación del país y alejar de modo inmediato una soberbia inaceptable.

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