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Terratenientes

Aquella fría madrugada del 17 de Julio del 2008 el país entero se paralizó. La conflictividad se manifestaba en extensas protestas y el locaut del campo generaba desabastecimientos en las góndolas de los argentinos. Un exvicepresidente transpiraba y deseaba escapar a ese desenlace inesperado. Abatido pronunció una frase de extraña construcción lingüística: “Mi voto es no positivo”. Algarabía de un lado, silencio y extravío del otro.

En uno de los salones de Olivos sobrarían los enojos y reclamos por ese injerto político dentro de un peronismo descalcificado. El ex vocero, Alfredo “Corcho” Scoccimarro, agachaba la cabeza mientras el matrimonio presidencial se reprochaba entre Lousteau y Cobos. Ella se iría a dormir temprano presintiendo la definición, él quedaría derrumbado en un sillón con la mirada perdida y perturbada.

La “125” fue un episodio más en la larga historia de diferencias y coincidencias que tuvieron los gobiernos con amplios sectores del campo. El sector agropecuario volvía al centro de la escena. Para algunos era el oponente elegido, para otros una obligación a la confrontación sin retroceder y negociar.

La historia de la tierra fiscal

Bernardino Rivadavia, primer presidente de las Provincias Unidas del Rio de la Plata proclamó en 1826 la ley ¨enfiteusis¨ otorgando millones de leguas de tierras a terratenientes y estancieros. De esta manera comenzaron los primeros latifundios a concentrarse en pocas manos. Una historia que repitió, Juan Manuel de Rosas, entregando la tierra a sus amigos. Ya en 1866 se crea la Sociedad Rural Argentina bajo el lema: “Cultivar el suelo es servir a la patria” que “buscaba” velar por el patrimonio agropecuario. Nueve días antes de asumir Domingo Faustino Sarmiento eligió a Chivilcoy para lanzar su programa de gobierno e incluyó la creación de “colonias agrícolas” oponiéndose a la Sociedad Rural. Prometió hacer 100 “Chivilcoy” con tierra para cada padre y escuelas para sus hijos. Era una clara copia del reparto de tierras basado en el sistema que aplicaba los Estados Unidos.

En 1878 la Conquista de Desierto sería financiada por las arcas de la oligarquía. Entregaron más de 41 millones de hectáreas habitados por pueblos originarios a los grandes terratenientes. La provincia de Buenos Aires se repartió entre 1800 familias y uno de los mayores beneficiados fue el presidente de la SRA José Martínez de Hoz con 2,5 millones de hectáreas en Buenos Aires, La Pampa y Río Negro.

Al tiempo el interior del país se levantaría en el grito de los chacareros que acentuaría el contraste social entre los dueños de las tierras y quienes la trabajan. Fue en 1912, año de cosechas récord y liquidaciones escasas. Surgiría en Santa Fe el “grito de Alcorta”, el hito fundacional de la Federación Agraria Argentina mientras en todo el país los peones eran explotados por grandes estancieros.

Vendría una eclosión con la elección del primer gobierno luego de la ley Sáenz Peña en 1916. El régimen conservador veía en la participación de los amplios sectores de la población el surgimiento de una nueva clase media. Sectores que llevarían a Hipólito Irigoyen al poder, pero que luego sería derrocado por el golpe de José Félix Uriburu apoyado por la Sociedad Rural. Ingresarían al gabinete del presidente de facto por imposición de la oligarquia: Julio A. Roca (Hijo) y Federico Pinedo.

En 1945 la Sociedad Rural se opondría primero fervientemente al Estatuto del Peón Rural y a la creación del sindicato de trabajadores rurales y estibadores impulsado por Juan Domingo Perón y luego con Evita. La historia marcaría que de los dueños de las tierras llevaría a apoyar los golpes militares del 1955, 1966 y 1976.

Al regreso a la democracia, Raúl Ricardo Alfonsín, mantuvo un esquema de retenciones a las exportaciones ganándose la antipatía del campo. En 1987 cientos de productores agropecuarios marcharon hacia Bs As en protesta del Plan Primavera. Al año siguiente el radical sería abucheado en la muestra anual 101 de la Sociedad Rural que con mucho tesón respondería: “No creo realmente que sean productores agropecuarios los que tienen este comportamiento. Son los muertos de miedo se han quedado en silencio cuando han venido acá a hablar en representación de la dictadura”.

En la década del ’90 y a fuerza de tractorazos se manifestarían los chacareros sin poder evitar que el neoliberalismo en representación de Carlos Menem disolviera la Junta Nacional de Granos y Carnes.

Pasan los años y la relación entre el gobierno y el campo es ambivalente. Desde sus inicios, el motor de la economía argentina sigue siendo el modelo agroexportador mientras el mundo apunta hacía otro lado. Hasta los malos momentos cumplen aniversarios y en tiempos de debates sobre las retenciones los grandes terratenientes apuestan más al sistema financiero y la especulación. No sólo existe una mayor concentración de tierras, de recursos pero también de la producción.

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