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Piloto de tormenta

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Piloto de tormenta

Mientras la economía se desploma la imagen de Roberto Lavagna aumenta. Tres encuestas lo posicionan entre las preferencias de los argentinos y es el político que más ha crecido desde que comenzó la crisis financiera. De perfil moderado y adusto, palabras claras y decisión tajante. Frente a las presiones sobre futuras candidaturas dirá que es el tiempo de los jóvenes, pero a los 76 años el sentido del deber y la utilización del prestigio le hacen replantearse su trayecto.

Pasaron 16 años de aquel sorpresivo llamado del ex presidente Eduardo Duhalde.  Fue el 24 de abril del 2002, el economista acababa de cumplir los 60 años y estaba alejado de la política partidaria. Argentina transitaba una profunda crisis económica y social. Los emisarios presidenciales estaban inquietos y ansiosos. Necesitaban una rápida respuesta del entonces embajador de Bélgica. Su nombre como Ministro de Economía era sugerido por Carlos Ruckauf a pesar de la desconfianza del sector financiero y el fuerte apoyo del establishment al economista del BID Guillermo Calvo.

Los mensajeros suplicaron en vano que viajase con urgencia a Buenos Aires, pero Lavagna se encontraba más cerca de la diplomacia y no quiso sumarse al deseo de apuro político. A los días viajó a Argentina para presentarse aplacado frente al entonces presidente peronista. Se sentía seguro de sí mismo y no hizo caso a los consejos de amigos y extraños de evitar asumir responsabilidades en tremendas condiciones. Todavía había detalles que lo incomodaban pero nadie se dio cuenta. “Vengo a aceptar la propuesta, pero algo tengo que aclararle”, dijo el economista al presidente argentino. El de Banfield abría los ojos y entornaba la mirada.

“¡Nunca he votado por usted!”. Duhalde suspiró esperando una negativa y respondió: -“Eso no es impedimento”.

Rapidamente Lavagna reunió a un joven equipo de confianza y sus primeras palabras fueron sinceras y de expectativas moderadas: “Nos preparemos para estar 72 horas”. El país sufría cambios permanentes, los bancos estaban cerrados y los ahorristas golpeaban y quemaban sus puertas. Horas intensas y los tres días se convirtieron en casi cuatro años al frente del Ministerio de Economía. Era la primera vez que un funcionario continuaba en el transcurso de dos gestiones presidenciales.

Con el tiempo esa voluntad derivó en desafío. Tenía la responsabilidad de sacar a flote la economía luego de la crisis, el desorden y la desesperación. El país estaba en un abismo, la pobreza mataba y en las calles los manifestantes repetían las consignas de “que se vayan todos”. Era la peor crisis que se vivía desde la presidencia de Miguel Juárez Celman en 1890.  A fines del 2001 en tan sólo diez días pasaron cinco presidentes.

La primera reunión fue con los banqueros en el salón de los cuadros. Una frase bisagra fue pronunciada con firmeza: “Un banco cerrado es una anomalía en la economía” obligándolos a abrir ante la amenaza de estatizar la banca. Entendía perfectamente que mientras durase la fiesta de las ganancias y la bicicleta se pinchase, las pérdidas se transfieren a toda la sociedad argentina. Sus logros se basaron en un equitativo reparto de las pérdidas y un plan económico preciso llevado a cabo con un enorme esfuerzo social.

Por entonces los medios de comunicación ejercían una presión permanente y comprendió que los diarios no se escriben para los sectores populares, sino para clases altas y sectores de interés que presionan en las políticas económicas.

Prudente en sus declaraciones esquivó los medios de comunicación para no dejarles un título fuera de contexto. A veces prefirió el silencio y sólo reaccionó con contundencia frente a la demagogia.

La primera vez que estuvo en la residencia de Olivos, los jardines le parecieron enormes y tristes. En los caminos de cemento que vieron el paso cotidiano de los presidentes recordó las calles viejas y desparejas del entonces humilde barrio de Saavedra donde creció. Lavagna nació un 24 de marzo de 1942 y por aquel entonces Alberto Castillo tocaba con la orquesta típica “Los indios” de Ricardo Tanturi. Era al compás de un tango “Dejate de locuras muchacho, pensá bien lo que vas  a hacer…¨. Años más tarde los discos del tanguero fueron regalados por su tío y lo acompañarían durante décadas.  Proveniente de clase media e hijo de un tipógrafo. Estudió en el colegio Comercial José Manuel Estrada y 1967 se licenció en economía en la UBA. Primero discípulo y luego con los años amigo del reconocido economista Aldo Ferrer. Obtendría una beca en Bruselas y entre 1973 y 1974 pasaría fugazmente como Director de Políticas de Precios de la Secretaría de Comercio y Dirección de Políticas de Ingresos durante el último Gobierno de Juan Domingo Perón.

En el sector privado sería el presidente de la siderúrgica “La Cantábrico”  y  socio fundador de la prestigiosa consultora Ecolatina. Entre 1985 y 1987 acompañó el gobierno de Raúl Ricardo Alfonsín como Secretario de Industria y Comercio Exterior. Tiene 3 hijos y 5 nietos.

Como Ministro de Economía llevó adelante un programa coherente y consistente. Fue el tránsito necesario del caos a la recuperación, el levantamiento del corralito y el canje de la deuda Argentina. Todo sucedió sin milagros, con esfuerzos y decisión. El país pasó a tener un PBI del 5,2% y una inflación en algunos meses del tan sólo del 0,1%. Los años lo llevarían a adquirir el mote de trasmisor de confianza y piloto de tormenta.

En el 2005 y seguramente luego de tomarse unos días caminando por las calles bordeadas de pinares y el frío viento marítimo de Cariló, presentó su renuncia al entonces presidente Néstor Kirchner. Las diferencias eran  sustanciales y con los años se  recrudecerían más las críticas a gobiernos posteriores. Antes de retirarse, en la Asamblea anual de la Cámara de la Construcción, les amargó el festejo. Embistió duramente a los empresarios con un informe que demostraba la cartelización y los sobreprecios del 20% de la obra pública.

En 2007 fue candidato a presidente por el radicalismo y obtuvo 16.89% de los votos a nivel nacional. La particularidad ocurrió en Córdoba porque ganó las elecciones con el 35,22% de los votos. A semanas de las elecciones se reuniría con el ex presidente Kirchner para reiterarle la corrección del modelo económico. En aquella oportunidad también obtendría una dura crítica y enojo del radicalismo por considerar que se dilapidaban los votos obtenidos como opositores.

El nombre de Lavagna surge con fuerza frente a la devaluada política argentina. Un hombre que aprendió de la diplomacia y la palabra empeñada. Que guardó cada archivo y papel para cualquier futura rendición de cuentas y que forjó una imagen en los argentinos luego de las enconadas discusiones con Anne Kruger y el Fondo Monetario Internacional. Entiendió que no hay que seguir creando falsas expectativas y que los hombres públicos no pueden quitar el cuerpo en tiempos difíciles.

Tal vez Roberto Lavagna sea un político para otra política o para otro país. Cada tanto suele mencionar  el final del poema de Robert Frost titulado: El camino no elegido. “Dos caminos se bifurcan en un bosque y yo, Yo tomé el menos transitado, y eso hizo toda la diferencia”.

¿Cuál será el camino no elegido de Roberto Lavagna? ¿Será candidato?

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