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No es la obra pública, ingenuo, es la corrupción

#Opinión

No es la obra pública, ingenuo, es la corrupción

Por Susana Parés – Docente Universitaria

El contrato de obra pública se encuentra hoy en el centro de un debate que lo tiene como protagonista de un desguace del que no es responsable, sino un herido colateral.

La grave lesión no la irrogó  este instituto del Derecho Administrativo, pero es necesario pensar que, esto que vivimos ocurrió porque demasiadas personas, estaban inexplicablemente distraídas y algunas claramente comprometidas en la comisión de ilícitos. Obviando de manera grosera, procedimientos y controles.

El pacto social que construye la República se refleja en la Constitución Nacional, exige, un comportamiento comprometido de todos y cada uno de los habitantes del país.

Y en este torbellino, el contrato de obra pública interpela a quienes sienten la responsabilidad de buscar con honesta humildad las causales de esta ignominia al primigenio convenio social y reclama respuestas.

Este comportamiento perverso del que ha sido objeto la obra pública y con ello la fragmentación infinita, al borde de la disolución de perspectivas y futuro para muchos habitantes, exige un renovado y profundo compromiso de toda la Argentina.

Todas las normas son perfectibles, máxime cuando nos referimos a un instituto del derecho, que está dirigido a proveer las obras necesarias para la satisfacción de servicios públicos indispensables para la sociedad: salud, educación, caminos, etc.

En este contexto, es necesario recuperar la   honestidad, como baluarte de la relaciones y la buena fe como fundamento de los contratos.

Porque es imposible procurar subsanar en algo el daño que se ha realizado si no se encauza la conducta personal de los individuos dentro de un paradigma que potencie el valor de la honestidad, el esfuerzo, el trabajo, el estudio, como fuentes del progreso personal y colectivo.

Este “consorcio”de falsos referentes sociales, ha ejecutado una lesión casi letal al corazón de la Nación, sustituyendo valores fundamentales por un lucro perverso, donde sus propias ganancias eran la balanza inequitativa que dejaba sin salud, educación, trabajo, en definitiva: sin oportunidades a millones de argentinos.

Se han llevado la igualdad, la libertad, el futuro de todos los habitantes del país, dentro de los bolsos donde colocaban sus aportes de campaña. Y su inconducta alcanza grado tal que aspiran a un trueque de menos penas por reconocer algo. No es casual. Están acostumbrados a la negociación; pero espuria. Acá no pueden  transar “a su modo” , se deben sujetar a la ley penal.

El Código Civil y Comercial  de la Nación,  nos convoca a ejercer los derechos de buena fe, artículo 9, como un elemento socializador e integrador de las conductas y en su artículo 961 nos reitera que los contratos deben celebrarse, interpretarse y ejecutarse con aquel principio, exigiendo cuidado y previsión. Paradojal. Los señores de los cuadernos, han torcido maliciosamente y sólo para beneficio personal estos requisitos.

La corrupción generada ha socavado los fundamentos de la vida comunitaria, como una mancha de aceite que  oculta y mata ,sólo la solvencia  y la templanza moral de los millones de habitantes  honestos, respetuosos de la ley,  que habitan esta tierra, y el funcionamiento de las instituciones del país destinadas a perseguir el delito, puede encauzar  la resolución de esta crisis dentro del Estado de Derecho.

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