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“¡Es la economía, estúpido!”

#Politica

“¡Es la economía, estúpido!”

“¡Es la economía, estúpido!”, es la frase con la que James Carville, ex asesor del demócrata y candidato a la presidencia Bill Clinton, gritó descolocando al entonces contrincante George Bush padre en 1992. Mientras el republicano hablaba de los éxitos de su política exterior en la guerra del Golfo se olvidaba de los problemas cotidianos de los ciudadanos estadounidenses.

La misma frase que se escucha repetir en los comercios, recintos políticos y tertulias de empresarios argentinos. El ingenuo e improvisado gobierno de Mauricio Macri perdió el control de la economía, transita el momento de mayor debilidad político desde que asumió y muchos argentinos se preguntan cuál es el techo del dólar. Saben que están más jodidos. Andan tristes y desolados, los hay desilusionados y también negadores. Algunos creen tener respuestas y los que deben darlas no saben cómo detener una crisis inminente para amortiguar el golpe y porrazo. Desorientado el Gobierno Nacional parece no tener hoja de ruta para retener las reservas del Banco Central que se derrochan a lo pavote. Se encuentra atontado, sin reacción y con un dólar subiendo pese a las magras intenciones discursivas.

Amigos de los principales funcionarios del Gobierno Nacional fugaron cerca de 20 mil millones de dólares y es difícil encontrar palabras serenas ante un momento tan preocupante y delicado. Improvisaron demasiado. Los factores endógenos e intervención con impericia hicieron que los fuerte mercados concentrados pongan al descubierto la ingenuidad del gobierno nacional. El sólo fabuloso negocio de las Lebacs llegó a tener 1.2 billones de pesos, montos mayores que la base monetaria.

“El mercado hace lo que quiere”, se escucha repetir en las mesas de café y cuando un gobierno no controla la economía los argentinos, en acto reflejo, asocian la crisis monetaria, social y política al estallido del 2001. Una parte del radicalismo lo sabe y por las dudas intenta tomar distancia de cualquier ruido a despedida anticipada o licuación política. Por su parte, Mauricio Macri, parece no escuchar a la mayoría de los economistas que advierten el peligro de tomar el camino del ajuste fiscal, los despidos y los recortes jubilatorios. Los especialistas no comprenden la obstinación del gobierno de permanecer en la misma senda.

Cambiemos pierde poder, consenso y credibilidad. Saben que se están jugando la última mano, la carta determinante. No para ganar la partida si no para que las pérdidas no sean mayores. A esta altura no son pocos los que plantean que el gobierno ensaya una salida perversa y consensuada para licuar deuda, pasivos y salarios. Tal vez ganar algo de tiempo e imponer algún tipo de retenciones a los sectores que festejan un dólar a 40 pesos. Lo que todos concuerdan es que si el gobierno no da alguna señal de cambio de nombres, pero sobre todo de rumbo, se despedaza en poco tiempo.

Las fábricas y comercios en Argentina cierran sus puertas. Se niegan a vender hasta tener no un precio de referencia de mercado. Las Cadenas de pagos se cayeron y frente a esos dilemas algunos empresarios deciden cerrar parcial o momentáneamente sus negocios. ¿Para qué vender con precios en suba y retracción del consumo? ¿Para qué producir si los bancos pagan 60% en  tasas de interés y sin riesgos? Son las preguntas que se realizan los sectores.

En el peor año para la economía argentina desde la crisis del 2001, no se cumplió ninguna de las metas inflacionarias. Un fracaso contundente en la política económica de precios. Las caídas del consumo y el salario solo traerá una crisis y conflictividad social. A 3 años de la gestión del presidente Mauricio Macri no ha podido demostrar ningún logro económico. Ya fuentes cercanas al gobierno deslizan conversaciones con los economistas: Roberto Lavagna y Mario Blejer.

En cada periodo de crisis siempre surgió un ministro de economía que marcó una época; lo fue Krieger Vasena en 1967 con Onganía, Juan Vital Sourrouille con Alfonsín, Domingo Cavallo en la convertibilidad y Roberto Lavagna luego del 2001. ¿Cuál será la impronta económica del periodo que se avecina?

Esperemos que las viejas recetas de conocido final no se encuentren en el menú. Difícil de precisar. No sabemos quién es el cocinero, cuál es la receta, menos aún, cómo es la cocina y quién es el dueño del restaurante. Sólo se escucha la frase de las multitudes con la ñata contra el vidrio gritando: “¡Es la economía, estúpido!”

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