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Ante la ausencia del Estado organizaciones sociales y vecinos enfrentan el hambre y el coronavirus en las villas

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Ante la ausencia del Estado organizaciones sociales y vecinos enfrentan el hambre y el coronavirus en las villas

La declarada pandemia por coronavirus iniciada a principios de año, luego de que China sufriera el primer foco infeccioso, vino a profundizar problemáticas que la Argentina venía sufriendo. Una de ellas, es la crisis alimentaria que durante años vienen denunciando las organizaciones sociales. En estos últimos dos meses los comedores comunitarios y salones donde se entregan copas de leche, tuvieron que aumentar sus raciones entre un 100% y 200%.

A pesar de los programas y planes anunciados, principalmente por el gobierno nacional, para otorgar ayuda económica a distintos sectores de la población, las organizaciones sociales y los vecinos se tuvieron que hacer cargo enteramente de los comedores y salones comunitarios.

En un recorrido por varios comedores de los barrios y villas de la ciudad de Córdoba, sus responsables advirtieron que la ayuda estatal es nula. En el caso particular del Municipio denunciaron que no llega nadie desde el año pasado, desde la gestión anterior lo dijo Cintia Peralta, es del comedor y Copa de leche “Pancitas Felices” de barrio San Roque y pertenece al Encuentro de Organizaciones (EO), quien agregó que desde la Nación les ha llegado mercadería, pero desde hace un tiempo está frenado, y agregó: “… a nivel provincia igual vienen haciendo oídos sordos y en algún momento había una plata que llegaba para ayudar los comedores pero desde enero también está parado.”

Noelia Feldman, integrante del EO quien está trabajando y asistiendo a los vecinos de los barrios y villas asegura que: “Lo que pone en evidencia la pandemia es una agudización de las contradicciones y desigualdades más de fondo o estructurales que hace tiempo venimos denunciando, no nosotros como organización solamente, sino como pueblo, y para las cuales nos venimos organizando para tratar de mitigar y para proponer una salida posible.” Y advierte: “… en un momento como este en el que el aislamiento social es necesario para mantener la salud colectiva el distanciamiento físico termina siendo un sálvese quien pueda, en un individualismo, en un relato donde el otro es el enemigo.”

Pero que por otro lado: “En contraparte han aparecido unas redes de solidaridad muy fuertes, en donde muchos trabajadores, pudieron sobrevivir con sus pollerías, kioscos, almacenes y lo que pudieron juntar lo donaron y lo dieron a los comedores esto fue mucho de laburante que vio que su negocio pudo funcionar, y el excedente que pudo conseguir lo donaron para que otras personas pudieran comer.” destacó Feldman que esto se pudo ver también desde un comienzo entre los vecinos y articulando con organizaciones, instituciones educativas y las iglesias.

Natalia Sosa, del comedor Los Solcitos, que queda ubicado en Santa Ana al 5000 nos decía que ella y su familia pone dinero de su bolsillo, pero además: Yo cobro plan salario complementario social y tenemos heladería social. La venta de helados cayeron 100 por 100 y se nos está haciendo durísimo. También criamos animales como gallinas y conejos.”

Por otro lado, Natalia nos comenta: “Es un barrio realmente olvidado hay un hambre terrible. Nosotras tenemos comedor dos veces a la semana y una vez a la semana olla popular. No damos abasto con tanta gente.” 

Nancy Verónica Díaz del comedor “Los chavitos” de barrio Las Flores 2, nos daba un panorama similar a los anteriores: En el barrio hay un comedor, siempre estuvimos entre 150 porciones, hoy damos a 250 o 240 niños; siguen viniendo, la gente sigue pidiendo anotarse pero no podemos agregar más por el hecho de que no tenemos con que sostenerla, se nos esta haciendo durísimo, crítica la situación.”

Al respecto de cómo consiguen la mercadería aseguró: Nosotros tenemos huertas, de ahí cosechamos algunas de las verduras, otras compramos, pedimos a las verdulería del barrio, recibimos pequeñas donaciones de gente que se pone en nuestro lugar y nos donan; no es mucho pero suma y así conseguimos la mercadería es una lucha diaria no encontramos armas para pelear esta batalla está muy mala la cosa.” dijo Nancy.

Noelia Feldman también nos agrega que: “… si el alimento es tan fundamental, y todos nos vimos desesperados o por lo menos preocupados y ocupados en conseguir un plato de comida, es por también nos dimos cuenta lo que significa el alimento y la producción del mismo. Y poder ver como las cadenas de supermercados, remarcaban los precios y lo siguen haciendo hasta el día de hoy, mientras la manos que están laburando sobre ese alimento están en el campo, están exigiendo participar con su producción, están exigiendo también un lugar para poder llegar en forma directa, me parece que también puso sobre la mesa esa situación de desigualdad, de lo que significa un productor directo, generando un alimento, lo que significan los intermediarios, sacando su tajada sin ningún tipo de cuidado con respecto de la población.”

En este sentido, Feldman sostiene que el acceso a la tierra se vuelve fundamental: “… para producir, para vivir y vivir dignamente, las políticas de integración urbana se vuelven fundamentales.” Además también las organizaciones sirven como primera contención para: “… las situaciones de violencia de género, los femicidios que hemos vivido, la crueldad como método, como forma es muy tremenda. Esto también componen algo que las organizaciones venimos denunciando, para lo cual venimos generando pequeñas estructuras que buscan darle una batalla a esta cultura de la crueldad a través de fomentar la escucha, fomentar los espacios de cuidado, fomentar relaciones no violentas.”

Maricel López, del comedor Sonrisa de Ángel nos cuenta: Nosotros acá en La Tela trabajamos de lunes a lunes, trabajamos 7 u 8 personas más o menos en el comedor y nos dividimos en dos grupos.” Al respecto de cómo se cuidan del coronavirus nos dijo: Para cuidarnos la organización nos hizo un botiquín donde venía lavandina, alcohol, rociadores, jabón blanco, guantes, repelentes para mosquitos; y con mucha higiene, limpiando los salones, los tappers a la gente.”

Y al igual que en el caso de los otros comedores nos relata como les afecto la cuarentena por coronavirus: “Nos afectó muchísimo en que hay más gente, nosotros teníamos 80 personas, ahora hay 120 mas o menos, vienen más familias también, hay muy poca mercadería.”

Uno de los puntos en común y muy preocupantes en medio de esta pandemia, son los servicios básicos, luz, gas y agua. Esta última esencial para enfrentar al virus. Feldman nos dijo: “… esas situaciones se ponen en tensión ahora y también van mostrando las incapacidades del Estado mismo para responder a estas situaciones. Lo que vengo marcando, es hasta donde está ausente el Estado y hasta donde las organizaciones sociales, los ciudadanos no organizados, las iglesias, las universidades, cómo como población nos hemos dado respuesta para sobrellevar lo que venimos viviendo.”

Y agrega que es el momento de: “… empezar a poner en agenda la sociedad que va a quedar después de esto, y en la que deseamos vivir después de esto y el deber que el Estado debe tener, como garante de derechos, y no como mero gendarme cuidando intereses, y controlando para que nadie se salga de su zona. Me parece que ahí también hay una centralidad en lo imaginativo, propositivo, creativo y proactivo que podemos ser las organizaciones sociales, y la necesidad de que nos den un lugar en la agenda de la sociedad nueva que deseamos.”

Para donar a los comedores podes llamar a estos teléfonos:

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