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COSQUIN ROCK 2020: EL EXILIO DE LAS MASAS

#AgendaCultural

COSQUIN ROCK 2020: EL EXILIO DE LAS MASAS

Por Joaquin Alonso

Cosquin Rock ya no puede ser abordado solo como un festival porque, a lo largo de los últimos 20 años, ha transmutado en un fenómeno cultural de una magnitud que escapa a toda consciencia e infraestructura de la industria local. Pasaron dos días, 105.000 personas y muchísima música.

Según diversos autores y Google en particular: “un fenómeno cultural es todo aquello que hace a la forma de vida de un pueblo, comunidad o grupo. Usos, costumbres, tradiciones, manera de comunicarse y todo lo que hace a la identidad de ese grupo” y, en términos generales, este festival responde a todos estos criterios, aún entendiendo que es una marca, un producto pensado para generar un consumo económico y, como excusa, cultural.

El foco de lo realmente interesante del evento ha trascendido por completo a la oferta musical, que no deja de ser el elemento unificador y fundamental del festival, y se ha concentrado en su público, tan diverso como dispuesto a confluir para generar un código nuevo, una transculturalidad implícita que nos permite disfrutar de clásicos indiscutibles del rock clásico como Divididos, Skay Beilinson o la reencarnación atemporal de RIFF, junto a la explosión contemporánea, urbana y por ahora coyuntural de artistas como Wos, Louta o Nathy Peluso. El tiempo será el filtro que los ponga en su lugar pero, hoy por hoy y cada uno con su público, manejaron el mismo nivel de masividad.

Este año en particular, la novedad y una economía de guerra dieron como resultado una grilla estéticamente mixturada, que sumada a la baja de Charly García, que jugaba fuerte como número más convocante, hicieron del festival (y Palazzo en particular) un blanco fácil contra el cual atacar desde las redes sociales y mesas de birra entre amigos. El hecho de que flanqueara sin perder público la caída de uno de los pocos artistas de lo que llamamos “Primera Línea” de su programación, ilustra la teoría de que gran parte del público no asiste solo por la música, sino por la experiencia que transcurre tanto dentro como fuera del festival.

Lo cierto es que, por otro lado, también se ha convertido en un festival predecible en el cual los números fuertes fueron los esperados y no hubo en absoluto algún show que sorprendiera por su convocatoria o riesgo artístico y la propuesta extra musical no fue demasiada. Tal vez la diversidad no conlleve vanguardia ni transgresión.

Los puntos fuertes fueron los esperados. El día sábado, el volumen ensordecedor de Divididos marcó el regreso de la banda al festival y mostró a un Ricardo Mollo emocionado durante un interludio en homenaje al Flaco Spinetta, en el día donde se cumplía un aniversario más de su fallecimiento, mientras entonaba “Para ir” de Almendra, contextualizado por hits eternos como “El 38”, “Paisano de Hurlingam”, y el paso por Sumo con “La Rubia Tarada”(empalmado con “Qué tal” y “Black Magic Woman” de Santana), “Crua Chan” y el final de show con “Nextweek”.

El tributo de emergencia planteado por León Gieco como una “suplencia” al fallido show de Charly, no pasó con demasiada gloria más allá de la aparición de compañeros históricos como Nito Mestre, Hilda Lizarazu y Celeste Carballo y la participación de algunos “Nueva Generación” como Bandalos Chinos, Nathy Peluso y Louta. Por supuesto, como siempre, también apareció Fer Ruiz Diaz (Actual Vanthra y ex Catupecu Machu).

Skay Beilinson fue el último punto convocante de la noche y, luego del show cumplidor de siempre, el público se dispersó, se fue o se agrupó en menor medida para escuchar a Guasones y Los Auténticos Decadentes sin demasiado espamento.  Punto aparte fueron los 2 Minutos en el escenario Córdoba X, con el público entregado y corte de sonido en el medio. Sobrevivieron siendo lo que son, hermosamente desagradables y punkeando como debe ser justo después del show combativo y pesado de una Sara Hebe ( que recuerda a los primeros discos de Actitud Maria Marta) en el escenario de al lado.

El domingo brilló Wos, con uno de los shows más explosivos del festival y una banda que lo sostiene a morir. “Luz Delito”, “Canguro” y “Púrpura” demuestran por qué se merece estar en los escenarios de festivales de rock. Nueva generación con contenido.

El golpe de calidad lo dio Babasónicos, con una puesta de luces pensada y realmente interesante que, para terror de los fotógrafos, juega con las sombres y siluetas como elemento principal de su escenografía. Estilo, pop fino del tipo “Microdancing” y una versión pesadísima a lo Jane´s Addiction de “Malón Diabólico”. Fueron la síntesis perfecta del festival, demasiado cristalinos para el rock y demasiado distorsionados para el pop. Al mismo tiempo, Ciro brillaba en el escenario Norte y, más tarde, Los Caballeros de la Quema serían nostalgia, Molotov se desenchufaría (como la noche anterior) en una carpa repleta y apretada frente al show interminable de Vanthra, Las pelotas daría un show predecible pero efectivo y Los Ratones Paranóicos cerrarían el festival con el rock and roll más puro y pulido de todos. Nosotros preparábamos la retirada agotados de caminar todo el día entre cuerpos amontonados. Es solo rock and roll, pero nos gusta.

Fotos: Sepia Fotoagencia.

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